Murió ‘Melón’, el gran sonero de México

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Divar12Ciudad de México. (La Jornada), “El amor que le tengo al son cubano se ha visto reflejado en 60 años”, decía Luis Ángel Silva, cubano que nació por accidente en la calle Naranjo, en la Santa María la Ribera de la capital mexicana.

 

Todos lo conocían como Melón, hombre que tenía corasón. Así, con s, porque toda su vida estaba basada en el son.

“Todo lo material que obtuve… y hasta mi amor lo conseguí por medio del son cubano, que en el diccionario se describe como un sonido agradable. Pero va más allá: es una música rítmica que se puede cantar y bailar y escuchar, pero sobre todo, gozar”.

Eso comentaba Melón: sonero mexicano internacional reconocido por varias generaciones que la madrugada de este lunes, a los 85 años, se fue a otro lugar.

El corasón de Melón se detuvo, pero no su ritmo, su armonía o su finura en la interpretación, que se unirá a la de “sus ídolos”, que por cierto son los mismos con los que compartió escenario: Benny Moré, Tito Puente, Tito Rodríguez, Eddie Palmieri, Machito, Johnny Pacheco, El Gran Combo, La Sonora Ponceña, Celio González… Hasta Celia Cruz le planteó grabar algo juntos. La reina se fue antes.

 

Melón fue el único mexicano que por 26 semanas consecutivas, en 1978, se mantuvo en las listas del Cash box neoyorquino, termómetro del éxito en la música en Estados Unidos en aquel tiempo.

Amalia Batista, Pelotero la bola, Juancito Trucupey, Niebla del riachuelo y Cosas del alma, La sitiera… piezas de un grueso archivo de más de 30 discos que representan a un son muy mexicano que se erigía como la crónicas de la gran capital de aquellos años.

En 1958 Luis Ángel formó junto con Carlos Daniel Navarro la agrupación Lobo y Melón, combo que creó el estilo scat-chua-chua (sustitución de los instrumentos musicales por sonidos vocales), mezcla rara de bebop, jazz y son cubano. Su educada voz y amor al canto lo hicieron único.

Lobo y Melón era un binomio, más bien un sexteto que a lo largo de 13 años popularizó temas ahora considerados clásicos. acompañados por Mauro Enrique Gallina Chávez (piano), Manuel Perrote Osorio (trompeta), Andrés Mucha Trampa López (bajo) y Mario Cholito González (timbal) con variaciones en la alineación, incluyendo a Ángel El Cucarachito Martínez, Crescencio El Pajarito Guzmán y Luis Ortega.

“Se acabó la historia”

“Se acabó la historia, me retiro. Me voy porque no quiero que me vayan. No quiero que el público diga que ya no puedo. Prefiero adelantarme a eso”, comentaba Melón en 2009 cuando se le celebraban sus 60 años de emitir sonidos armoniosos con mucho sabor.

Melón nació para cantar, según comentó al periodista Jaime Whaley en La Jornada, donde también era columnista desde hace muchos años, especializado, obvio, en los géneros afroantillanos.

Melón, apodado así por el conguero Fufú, nació para cantar. Pero el hijo de un peluquero hizo vida como todo capitalino de barrio popular: jugó futbol y hasta trabajó en una fábrica de clavos antes de entrar al ambiente sonero, que en los años 50 y 60 bullía para todos.

Contaba que una vez estaba en la vecindad de su abuela, escuchó por primera vez un son cubano. Tenía cinco años y no tenía noción de lo que era. Pero confesaba que el sonido lo impactó tanto que supo que era su vida.

En el Macao, en la esquina de Bolívar y Mesones, en el Centro, fue donde empezó su camino.

Melón perteneció a grupos como Los diablos del trópico, conjunto del cubano Juan Bruno Tarraza; las orquestas de Chucho Rodríguez y de Ray Montoya. También hizo coros en algunas grabaciones del sello RCA Víctor, hasta que Carlos Castillo, empleado de la casa grabadora, pasó por la calle de Humboldt y “escuchó un armónico y pegajoso sonido que brotaba del inmueble marcado con el número 8, antro donde Lobo y Melón ya atraían a la parroquia bailadora”.

Llegó el tiempo de plasmar la voz en los surcos del acetato. Se cuenta que para su primer disco faltaba un tema para completar la docena: Amalia Batista, basado en una opereta cubana, fue metido casi con calzador para hacerle compañía a otros que igual hablan de personajes y que con el tiempo se tornaron clásicos.

Melón también decía que la fama y la fortuna acompañaron a la edición de discos, de los que un millón llegaron a venderse, hecho que le hizo girar en Estados Unidos. Los oyentes, hispanos y anglosajones por igual, colmaron los clubes nocturnos y los grandes escenarios como el Palladium de Los Ángeles.

El músico capitalino relataba que Tarraza formó un conjunto que en verdad honraba el calificativo de estrellas. La alineación incluía a Alejandro Cardona, en las trompetas; Caramelo y Lucas; Pedro Zamora Peregrino, pariente de la gran Toña La Negra, estaba en el bongó; su hermano Toño en las congas; Humberto Cané en el bajo y Rafael Mora El Morro, en la guitarra.

Una diferencia con la que muchos consideraban un “cacique” en el gremio de los músicos, Venus Rey, le cerró las puertas para trabajar en México y tuvo que emigrar al norte.

En Nueva York, sin dinero, pero con amigos, Melón alternó con grandes como los hermanos Palmieri (Charlie y Eddie ); con Johnny Pacheco, integrante de los mundialmente famosos Fania All Stars y con ellos grabó un par de discos, uno de los cuales llegó a estar 26 semanas consecutivas en el primer lugar de la lista de popularidad neoyorquina .

Tras la separación del dueto, Melón mantuvo su éxito en solitario y en 1986 grabó con Fania Llegó Melón, que incluyó una composición de Agustín Lara y el cual forma parte de los 30 materiales de larga duración que forjó en su larga trayectoria.

Melón escribía: “El Día de Muertos me hizo recordar a muchos amigos y compañeros, los más recientes Celio González y Beto Ávila a quienes conocí en Veracruz… Con Agustín Lara coincidimos en un baile en el viejo Parque España de Veracruz. Compartimos tarima con la Sonora Veracruz de Toño Barcelata. Al final se hizo una descarga sensacional, cantando por primera vez Celia con Lobo y Melón. Las visitas de Celio a donde actuábamos se hicieron familiares y culminaron con una comida que nos hizo en Nueva York cuando volvió a integrarse con la Sonora Matancera. Volvimos a vernos en el escenario del Palladium de la Gran Manzana con Eddie Palmieri y la Perfecta, quienes completaron el cartel…”

Ese era Melón, el gran sonero de México.