Marcha silenciosa en Temixco en homenaje a Gisela Mota

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despetifas1Temixco, Mor. (La Jornada), Juana Ocampo sufre en carne propia el peor de los horrores. Su hija fue asesinada frente a sus propios ojos. Sufre como una madre, por supuesto. Pero se planta frente a los micrófonos como la luchadora social que ha sido largo tiempo, desde que comenzó, muy jovencita, a seguir los pasos del religioso que yunques y anexas llamaban, despectivamente, El Obispón Rojo, don Sergio Méndez Arceo.

 

De ahí, de esa formación, de esa historia, de eso que no cuenta para los cínicos de todos los días, le nace la fuerza para decir que no quiere venganza, sino justicia, que si llama a una movilización, como llamará a otras, será “no sólo por mi hija, sino por todos los hombres y mujeres que han caído”.