Mensaje del secretario general de gobierno, Alejandro Avilés Álvares

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aaaCien años de libertad, que nos han permitido trabajar por la paz y la justicia social, son el motivo de la celebración y festejo que hoy nos congrega.

Nuestra Constitución es un documento jurídico e histórico, donde se encuentra asentada la evolución económica, política y social de México.

En cien años, nuestro país ha podido construir y reforzar lo que hoy somos como Nación Soberana, libre e independiente, gracias a la voluntad conjunta de sociedad y gobierno, de respetar, obedecer y cumplir nuestra carta magna.

 

Sus autores, sensibles a los planes y programas que inspiraron la Revolución Mexicana, atendieron cada uno de los anhelos por los que lucharon quienes tuvieron que vivir aquel dramático momento que fue el movimiento social más importante del siglo XX en México.

 

Garantizaron la libertad y la igualdad de todos los mexicanos frente a la ley, y no solo de nosotros los mexicanos, también la libertad y la igualdad de aquellos que, sin serlo, se encuentren en nuestro territorio.

 

Ante el abominable analfabetismo que agobiaba no solo a los sectores rurales sino a los urbanos, se garantiza por igual la educación de todos.

 

Se tuteló la no discriminación de las mujeres que anteriormente carecían de derechos elementales y ante la sordera de gobernantes injustos, le garantizó al pueblo el derecho de petición y la obligación de todo servidor público de darles respuesta.

 

La injusticia, que fue signo de otro tiempo, quedó proscrita por la Constitución que garantizó a todos la existencia de un tribunal que los ampara y los protegiera del tirano; que otorgó el derecho a la defensa judicial; que nos dio la certeza de la protección de los bienes y derechos de cada ciudadano.

 

Frente al injusto despojo de las tierras de los campesinos, tuteló la propiedad privada y la propiedad social sobre la tierra, para que a nadie faltara el sustento de sus familias.

 

En la generosidad de los autores de la Constitución Política de 1917, no escapó la previsión de garantizarnos la libertad de decidir la forma de gobierno que mejor nos pareciera.

 

A partir de su entrada en vigor, el profesionista, el comerciante, el obrero, el campesino, las amas de casa, y en general, cada uno en su diversa actividad obtuvo protección indiscutible e indiscutida, para que con la misma libertad con que escogiera su actividad pudiera realizarla.

 

Como nunca, el obrero vio protegidos sus derechos derivados de una relación laboral y el sindicalismo en México, de pronto se vio en el campo fértil en que pudo desarrollar de la manera más amplia todo un catálogo de prestaciones que les permitiera llevar a sus hogares la seguridad de la alimentación, la educación, la salud y el libre esparcimiento.

 

¿Cómo no sentirnos orgullosos de la Constitución que en su tiempo fue considerada la más avanzada en el mundo en materia social?

 

Por eso hoy enalteciendo ese orgullo, reconstruyamos el nacionalismo que inspiró a tantos esforzados constituyentes que garantizaron los derechos que hoy disfrutamos y a quienes en este día recordamos con gratitud.

 

Hemos podido vivir en paz, en democracia y con justicia social, porque contamos con el instrumento que nos lo permite.

 

El nacionalismo a que hoy los convoco, nada tiene que ver con el nacionalismo que en otras latitudes ha significado la división de hermanos, la confrontación fratricida; los convoco a un nacionalismo humanista en el que todos defendamos el interés común frente al interés ajeno, belicoso e inicuo.

 

Hablo de un nacionalismo que nos haga más fuertes, pero no para hacer la guerra, un nacionalismo que nos haga fuertes para construir y crecer en paz.

 

México necesita de el concierto de todos sus hijos, sin importar ideologías, credos o cualquier otra preferencia, nuestra identidad nacional es la que nos une y nos hace fuertes, somo un país sólido y preparado para los embates absurdos del exterior.

 

La unidad nacional es primordial en tiempos de incertidumbre, aunque ésta, provenga de la facilidad irracional para soltar palabras.

 

Si los mexicanos seguimos en la ruta del respeto y cumplimiento de nuestra Constitución, seguiremos siendo la Nación fuerte y generosa que anhelaron nuestros héroes públicos y anónimos de la Revolución Mexicana.

 

Por esa misma ruta, construiremos el País que deseamos y debemos heredar a las generaciones que nos sucedan.

 

Para el gobierno que encabeza Alejandro Murat Hinojosa, el respeto y cumplimiento de nuestra Constitución Federal, es el paradigma del trabajo cotidiano, permanente y sin descanso, que nos permitirá aportar a la Patria, lo mejor de cada oaxaqueño.

 

¡Viva la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917!

 

¡Viva el Congreso Constituyente de Querétaro!

¡Viva México!

¡Viva Oaxaca!