
ACAPULCO, Gro (Proceso).– El tiempo se detuvo en la oficina de Leodegario. La máquina de escribir Olivetti y el teléfono Nokia están intactos, parecen esperar a que regrese a redactar y retome llamadas que dejó pendientes esa primavera de 2004 en Acapulco.
A Leodegario Aguilera Lucas, director de la revista Mundo Político, lo sacaron inconsciente de su casa en Jardín Azteca; de aguilita iba arrastrando los pies, como si fuera un bulto pesado.
Dos hombres altos y fornidos se lo llevaron con rumbo desconocido a la una y media de la madrugada de aquel sábado 22 de mayo.
Tres días antes en Chilpancingo el periodista había discutido con el entonces secretario general de Gobierno, Luis León Aponte. Éste le reclamó por sus publicaciones acerca de inversiones fuera del estado y propiedades del gobernador René Juárez Cisneros (PRI) y familiares cercanos.
Ante el clamor por la desaparición forzada, la entonces Procuraduría General del Estado intentó dar carpetazo al caso con la versión de que Leodegario había sido asesinado y calcinado para despojarlo de un predio en Pie de la Cuesta.
El fiscal para Delitos Graves, Fernando Monreal Leyva, montó un hallazgo para mostrarlo a la prensa, pero su hermana Ernestina demostró que en el lugar no había restos óseos.
El caso sigue abierto y con la promesa de esclarecer por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador, hecha en julio de 2021.
En los últimos 26 años han sido asesinados en Guerrero 21 periodistas, casos presuntamente relacionados por su labor profesional, lo que la convierte en la segunda entidad más peligrosa para ejercer el periodismo, después de Veracruz, con 31 crímenes en el mismo lapso.
El puerto de Acapulco encabeza la cifra en Guerrero, con siete asesinatos. El más reciente es el de Nelson Matus, director del portal Lo Real de Guerrero, especializado en nota roja, ejecutado el 15 de julio pasado.
Sólo en tres de los casos las autoridades de procuración de justicia han detenido a un presunto homicida, han vinculado a proceso a un detenido y se han sentenciado a dos hombres por su probable responsabilidad.
La Asociación de Periodistas del Estado de Guerrero y la organización Artículo 19 registran de 2017 a 2022 un promedio de 40 agresiones al año por parte de gobernantes, servidores públicos, policías, líderes sindicales y civiles armados.
Se trata de agresiones físicas y verbales, amenazas, obstrucción a su labor, hostigamiento, vigilancia de civiles armados y un fenómeno registrado en la capital del estado desde noviembre: el allanamiento a viviendas de cuatro reporteros para sustraer equipo, información y documentos personales.
Hay tres periodistas en calidad de desaparición forzada: Leodegario Aguilera Lucas, levantado el 22 de mayo de 2004; Marco Antonio López Ortiz, jefe de información de Novedades Acapulco, el 7 de junio de 2011, y Alan García Aguilar, del sitio web Escenario Calentano, el 24 de diciembre de 2022.
También existe una docena de periodistas y comunicadores desplazados del estado.
La titular de la Unidad Estatal de Protección a Periodistas y Defensores de Derechos Humanos, Lourdes Martínez, informó que 52 personas cuentan con medidas cautelares o protección de parte del gobierno estatal y del mecanismo federal de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas.
Se solicitó a la Fiscalía General del Estado, por medio de su director de Comunicación Social, Carlos Monje, información acerca del número de carpetas de investigación abiertas por el asesinato a periodistas, amenazas y agresiones. Pero no la proporcionó.
La primicia para Matus
Nelson Matus llevó al límite su relación con las fuentes ministeriales al grado que el día de su asesinato abordaba un vehículo polarizado con una torreta que usaba para disuadir posibles ataques y protegerse. Ya había sufrido un atentado en 2019.
Su trayectoria, su medio Lo Real de Guerrero –posicionado como referente de la nota roja– y su número de seguidores le daban ciertas concesiones: ser notificado, antes que la policía, sobre asesinatos, accidentes y hallazgos, o que la policía investigadora le permitiera estar en primera fila en las escenas de violencia criminal.
Originario de Pinotepa Nacional, Matus fue paramédico de la Cruz Roja. Eso le permitió tener de primera mano los reportes de homicidios, ataques armados, personas lesionadas y accidentes vehiculares.
Para registrarlo adquirió una cámara digital que llevaba a todas partes. Ahí vio su potencial para ser reportero de la nota roja.
Colaboró en la revista Alarma, en el periódico El Alarmante y en la plataforma digital de nota roja Ágora Guerrero, pionera en el estado antes del boom de internet y redes sociales.
Retomado: https://www.proceso.com.mx/nacional/2023/7/21/guerrero-donde-no-paran-los-asesinatos-de-periodistas-311153.html
