
El viaje a Barcelona para participar en el encuentro del Global Progressive Mobilisation (Movilización Progresista Global) el próximo sábado fue una decisión tomada por la presidenta Claudia Sheinbaum de último momento. Su nombre no figura, incluso, en la lista de ponentes que incluye a los seis jefes de Estado y de Gobierno que confirmaron cuando llegaron las invitaciones. Lo hizo la presidenta por razones no públicas, quizás hasta un poco apresuradas, como se pudo ver cuando la confundió con una iniciativa de Gabriel Boric, cuando aún era presidente de Chile.
La participación significa acción y compromiso en torno a una visión del mundo donde, como se planteó en sus ideas fundacionales, no cabe la neutralidad. No obstante, Sheinbaum explicó ayer, en preparación de su viaje, que era importante que se escuchara la voz de México y la reivindicación de la Doctrina Estrada, repitiendo el conjunto de principios formulados por el canciller Genaro Estrada en 1930, que a lo largo de la historia solo ha servido de parapeto para el relato, para no comprometerse en momentos delicados o para meterse de lleno a asuntos internos de otros países, si sus gobiernos simpatizan con el mexicano.
Otras fuentes de su inspiración fueron el Foro de Sao Paulo, creado en 1990 con partidos de izquierda y extrema izquierda latinoamericana por los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Fidel Castro, para articular lo que llamaron la lucha antiimperialista como parte de la reinvención de la izquierda en la región tras el colapso de la Unión Soviética, y el Grupo Puebla, un foro político y académico fundado en esa ciudad en 2019, por instancias de Lula y el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, con la participación de 10 presidentes y expresidentes iberoamericanos.
López Obrador no participó en la fundación del Grupo Puebla –Mario Delgado, como dirigente de Morena, sí–, lo que no es extraño por las características y personalidad individualista y egocéntrica de López Obrador. Aunque mantuvo fuertes vínculos con el Foro de Sao Paulo y el Grupo Puebla, no fue un nodo ideológico activo –como lo ha sido Brasil, como ninguno en la región–, aunque se alineó selectivamente en aquellas problemáticas que se ajustaban a su pensamiento, escudándose en la narrativa de la soberanía nacional sobre la coordinación global.
De esa forma, López Obrador estuvo alejado de las agendas progresistas de género –es un misógino–, el cambio climático –no entiende nada sobre protección del ambiente– o la oposición irreductible ante la militarización y los contrapesos. Sheinbaum entiende del cambio climático, aunque con debilidad porque sus prioridades están en otras frecuencias; apoya el feminismo y procura una agenda de género, pero no mucho más allá. En lo general, la presidenta opera bajo la lógica política heredada.
Comparte con la Global Progressive Mobilisation como red de afinidad ideológica y narrativa, que le da legitimidad y acompañamiento político, pero no determina decisiones clave del gobierno, porque no obedece a una estructura global. Dadas estas características del régimen, donde está de palabra y retórica, pero no de fondo, carecería de importancia sustantiva su participación –solo estará el sábado en una plenaria de gobernantes, donde hasta el momento quienes llevarán la sesión son Lula y el anfitrión, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez–, salvo porque la iniciativa tiene como principal objetivo contener a Trump y su gobierno.
En las condiciones actuales del mundo –el tema del encuentro es “No a la guerra”–, es previsible el choque que tendrán los posicionamientos con Trump, agravado por el hecho que es en España y Sánchez se ha convertido en el líder europeo más incómodo para el jefe de la Casa Blanca en la guerra contra Irán. Pero igualmente, en este contexto, son las negociaciones en curso de México y Estados Unidos sobre el acuerdo comercial norteamericano y las constantes amenazas de actuar unilateralmente en territorio mexicano contra los cárteles de las drogas y políticos involucrados con el crimen organizado.
Si Sheinbaum decidió asistir de último momento, debió haber recalibrado el estado de la relación con Estados Unidos. Está caminando por el filo. Ayer respaldó al papa León XIV, la última víctima retórica de Trump, en el arranque de una semana donde se colocará en la trinchera de los enemigos del presidente estadounidense. ¿Volteará a verla Trump? El domingo dio señales en una entrevista con la cadena Fox News que México sigue en su cabeza, lo que de alguna manera contradice la idea en el obradorismo de que Irán lo tiene distraído.
Retomado: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/raymundo-riva-palacio/2026/04/14/encuentro-en-barcelona/

