“A una mujer quemada sólo le queda ser fuerte”: saxofonista

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Retomado del  Periódico  La Jornada………………………..

……………………………El saxofón de María Elena Ríos Ortiz quedó solitario y silencioso en un cuarto en Huajuapan, Oaxaca, con su estuche corroído por el ácido sulfúrico. Su dueña vive refugiada en otro lugar, dañada del cuerpo y del alma, como ella dice, buscando estar lejos del alcance del agresor que pagó 30 mil pesos a dos hombres, empleados suyos, para que vaciaran dos litros del químico más corrosivo en el rostro, los brazos y el pecho de esta joven.

Aquí puedes escuchar el audio de la versión amplia de la entrevista:

Male cumplió 27 años el 18 de febrero. Habla en entrevista por primera vez y transita por la historia de este sádico crimen de odio feminicida, a ratos bañada en lágrimas y por momentos con una determinación asombrosa. En ningún momento pierde la perspectiva del contexto. En cinco meses, desde que me pasó esto, 20 mujeres han sido asesinadas cada día. Esto que vivimos las mujeres ahora en México no es normal, es un retroceso de la humanidad, una falla en la evolución.

Recuerda que cada vez que ella planteaba el fin de la relación abusiva que tenía con Vera Carrizal (un hombre casado de 56 años, con hijos adultos, ex diputado del PRI, dueño de 16 gasolineras en Oaxaca y propietario de una radioemisora y varios portales de noticias en Huajuapan) él reviraba: Si eso es lo que quieres, no mereces vivir.

Ella no advirtió que él la estaba sentenciando: Y eso es lo que intentó, darme una muerte lenta vaciándome ácido. Pero para su mala suerte estoy viva, con mucho dolor, con mucha tristeza pero cada día más fuerte. Porque no queda de otra. Y lo estoy logrando gracias a mis padres, a mi hermana Silvia, que se convirtió en una activista para defenderme, y a tantas voces de mujeres que se han alzado por mí, que sé que son mis amigas aunque no conozca sus nombres ni sus caras.

La chiquita del saxofón

María Elena Ríos Ortiz, orgullosamente oaxaqueña, decide hablar, después de cinco meses de silencio. Ella determina los ángulos para que el fotógrafo y la camarógrafa de La Jornada hagan sus tomas y se arranca de un hilo con su narración, estrujando un clínex hasta dejarlo hecho migajas. A ratos se quiebra. Y junta sus pedazos para continuar.