Astillero

OAXACA0

  La guerra de declaraciones y acciones estruendosas entre Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado pone en evidencia la verdadera textura de un partido que no lo es: Morena. Es más que desproporcionado, casi insultante, pretender que la reyerta por la presidencia de esta organización es una lucha por la democracia y que esos jaloneos facciosos de élite corresponden a los principios y esencia de un amplio y persistente movimiento social, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, que luego se convirtió en un remedo de partido.

El pluripartidista Muñoz Ledo, camaleónico y exagerado por definición, ha llegado al extremo de proclamar que el resultado de una encuesta de opinión que no le favorece es el mayor fraude de la historia electoral mexicana desde que Carlos Salinas de Gortari se quedó con la silla presidencial en 1988 frente a Cuauhtémoc Cárdenas.

Desbordado, Muñoz Ledo ha postulado que en una elección un voto hace la diferencia, sin reparar que el método aprobado y aceptado por todos los contendientes consistió en la realización de dos encuestas de opinión para encontrar las tendencias suficientes a favor de alguno. No se depositaron votos ni estos fueron contados uno a uno: fue un ejercicio de demoscopía, estrafalario pero a fin de cuentas aceptado por los competidores y necesario ante el caos interno de Morena, que no pudo tener padrón de militantes ni condiciones confiables para hacer una sustitución de dirigentes mediante el voto de la militancia.

Delgado juega las cartas de la institucionalidad, como buen representante de Marcelo Ebrard, es decir, de la escuela política que sembró Manuel Camacho Solís, constante compañero de andanzas políticas de Carlos Salinas de Gortari hasta que la candidatura presidencial de Luis Donaldo Colosio los separó. Sin embargo, Delgado (es decir, Ebrard) navega en la apariencia aséptica del respeto al proceso y los resultados pero pelea suciamente con recursos económicos de origen difuso que ha empleado en una promoción publicitaria desmesurada. Porfirio cree que rollo gana encuesta, mientras Mario cree que dinero mata rollo.

El empate entre Muñoz Ledo y Delgado, producto de las encuestas aplicadas por tres empresas particulares, va muy bien con una eventual estrategia maquiavélica diseñada desde Palacio Nacional o desde áreas externas a este centro de poder pero concurrentes a él. De realizarse una tercera encuesta y que de ahí se desprenda un ganador, lo será en tales condiciones de división y desgaste que el mando andresino resultará más fortalecido y definitorio, aunque Porfirio pretenda espantar con el petate del sexenio convertido en trienio, si ganaran Delgado-Ebrard, y aunque Mario también quiera espantar con el petate de que Muñoz Ledo podría convertirse en un opositor de AMLO.

La ganadora de la secretaría general, Citlalli Hernández (la senadora más joven, proveniente de la lucha social), abre el camino más viable para tratar de recuperar una vida partidista activa, crítica y polémica. Formó parte de una especie de fórmula con Muñoz Ledo (aunque en estricto sentido cada cargo se eligió aparte, no en planilla) y sigue apoyando al veterano político, incluso mediante el recurso extremo y nada democrático de solicitar a Delgado que decline y reconozca a su contrincante.

Pero, en medio de los espejismos de Morena, con densos personajes masculinos tratando de construirse una imagen de luchadores por la democracia e impulsores del beneficio del pueblo, el grupo de Claudia Sheinbaum, llamado Los Puros, ha colocado a Citlalli en un segundo nivel que podría terminar siendo el primero o casi el primero en cualquier caso: si queda Porfirio, la movilidad juvenil superará la muy reducida movilidad física de PML; si queda Delgado, la sombra de Ebrard generará tempranas contiendas y deslindes; y si se mantuviera a Alfonso Ramírez Cuéllar, más no a Yeidckol Polevnsky, Citlalli consolidaría el poder de los puros. ¡Hasta mañana!

Twitter: @julioastillero

Facebook: Julio Astillero

Retomado: https://www.jornada.com.mx/2020/10/12/opinion/008o1pol