Astillero

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   Ha sido una ironía que, en las horas previas al inicio de la jornada electoral estadunidense, que incluye la Casa Blanca, se diese a conocer la pretensión de la Fiscalía General de la República de hacer apresar a Luis Videgaray Caso. Durante la administración encabezada por Enrique Peña Nieto, Videgaray fue la pieza de máximo poder de Los Pinos en Washington, y ahora enfrenta el riesgo de ser encarcelado y procesado en México por la presunción de que cometió diversos delitos, de entre los cuales se ha mencionado, tal vez con demasiada individualización, el de traicionar a la patria.

Videgaray fue el acompañante gemelar de Peña Nieto en Los Pinos, dotado de niveles de inteligencia y roce internacional de los que el ex gobernador del estado de México carecía. En esta columna y en pleno peñismo en funciones, se mencionó varias veces que Luis era el cerebro sustituto de Enrique.

Ocupó en diversos momentos del sexenio copetón las secretarías de Hacienda y Crédito Público y de Relaciones Exteriores, en una competencia original que sostuvo con el de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, por el oído y la voluntad de Peña Nieto, que al final y de manera clara ganó el economista casado con Virginia Gómez del Campo (prima de Mariana Gómez del Campo y de Margarita Zavala Gómez del Campo) y hermano de Eduardo, conductor de programas de comicidad.

Tecnócrata formado por Pedro Aspe Armella, quien fue secretario de Hacienda con Carlos Salinas de Gortari como presidente, Videgaray se conectó con Peña Nieto en el estado de México, adonde fue como parte de una empresa de Aspe para arreglar los estados financieros en esa entidad. Fue secretario de Finanzas del gobierno peñista mexiquense, coordinador de campaña presidencial en 2012 y principal promotor de la visita a Los Pinos –en 2016– del entonces candidato republicano a presidir Estados Unidos, Donald Trump.

Dicha visita generó tal escándalo que Videgaray dejó Hacienda, pasó unos meses sin cargo y regresó al gabinete como canciller, a partir de lo cual consolidó su papel definitorio en la relación con el gobierno del país vecino, en permanente entendimiento con Jared Kushner, yerno de Trump designado por éste como una especie de comisario para asuntos mexicanos.

Dedicado ahora a dar clases en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (el famoso MIT, según sus siglas en inglés), Videgaray está en la mira judicial mexicana, según han precisado la Fiscalía General de la República y el propio presidente López Obrador. La orden de aprehensión estaría en proceso de ser emitida por un juez o retardada por detalles procesales (que podrían llevar a negarla, desde luego), pero la intención encarceladora es real.

Del equipo central de Peña Nieto sólo reside en la cárcel Rosario Robles Berlanga por gestiones realizadas en la etapa obradorista. Emilio Lozoya descansa, sujeto a un proceso iniciado durante el propio peñismo, en el contexto de las fuertes peleas entre Videgaray y quien fue director de Pemex (en cuya retribución, Lozoya es acusador directo de Videgaray en el tema de Odebrecht y otras pillerías). El general Salvador Cienfuegos está tras las rejas por decisión de autoridades de Estados Unidos, y al ex secretario de Comunicaciones y Transportes Gerardo Ruiz Esparza la muerte lo salvó de enfrentar responsabilidades por la sistemática corrupción en las áreas a su cargo.

El recuento del párrafo anterior muestra que el primer círculo peñista no ha sido realmente tocado hasta ahora (el caso Robles tiene connotaciones casi de riña grupal anterior, lo cual no la exculpa de la gran corrupción que generó). Y bajo esa óptica cobra dimensión especial la acometida contra Videgaray, el virtual vicepresidente durante el peñismo. Habrá de verse si, a partir de las delaciones de los Emilios (Lozoya y Zebadúa, este último oficial mayor rosarista), se construyen barrotes para el citado Videgaray y el propio Peña Nieto, a riesgo de más videos nada píos, o todo queda en más fuegos de artificio prelectoral. ¡Hasta mañana!

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Retomado: https://www.jornada.com.mx/2020/11/04/opinion/008o1pol