Astillero

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   EN LA ADMINISTRACIÓN peñista, Rosario Robles Berlanga tomó partido por Miguel Ángel Osorio Chong en la larga batalla sostenida por éste, a título de secretario de Gobernación, contra el virtual vicepresidente del sexenio 2012-2018, Luis Videgaray Caso, quien fue secretario de Hacienda y de Relaciones Exteriores.

LA PELEA ENTRE Osorio Chong, político de Hidalgo, donde fue gobernador, y el tecnócrata Videgaray, que había acompañado a Enrique Peña Nieto desde el gobierno del Estado de México, se mantuvo hasta el momento en que el último habitante de Los Pinos definió la candidatura presidencial priista de 2018 en favor de José Antonio Meade Kuribreña, gran amigo y compañero de andanzas administrativas de Videgaray.

OSORIO CHONG SE quedó solamente con un asiento en el Senado, desde donde trata de sobrevivir políticamente, con guiños de colaboración al obradorismo legislativo y la permanente angustia de saber que las guillotinas políticas y financieras del momento lo tienen constantemente en su lista de posibles invitados.

DE ALGUNA MANERA, Robles Berlanga reproduce el belicismo interno del periodo peñista de poder y habrá de verse si la Fiscalía General de la República, es decir, el obradorismo al que pertenece y bajo cuya partitura se mueve dicho organismo autónomo, comparte y alienta tal pretensión rosarista de deslindes delictivos: los malos de la película de delaciones que la ex secretaria Robles pretende vender serían solamente los tecnócratas Videgaray y Meade, pero no el mero jefe político de todos, Enrique Peña Nieto, ni la carta sucesoria jugada por la propia Rosario, el entonces titular de Bucareli, Osorio Chong.

EL PROPIO VIDEGARAY salió ayer al paso de las declaraciones hechas no personalmente por Robles, pero sí por sus abogados representantes (sin que a la hora de cerrar esta columna hubiera algún desmentido o precisiones de la ex funcionaria en cuestión). Dijo el actual profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, siglas por su denominación en inglés) que hay un límite para la moda de intentar salvarse judicialmente acusándolo a él: la corrupción no se combate con mentiras y fabricando pruebas.

POR LO PRONTO, el presunto adelanto de posicionamientos de Rosario Robles, según sus abogados, conlleva la aceptación de que la corrupción etiquetada en términos periodísticos como la estafa maestra habría tenido una vertiente política y partidista: la Estafa Electoral Maestra, que habría aportado recursos públicos a las campañas de Peña Nieto en 2012, las intermedias de 2015 y la sucesoria de 2018, ya con Meade como extraño candidato por el Partido Revolucionario Institucional sin estar afiliado.

SIN EMBARGO, PARTE de las delaciones, en curso de ser aprobadas por el fiscal Alejandro Gertz Manero, parecieran orientarse hacia eventuales castigos judiciales a un peñanietismo sin Peña Nieto. Según los abogados de Robles, no tienen constancia ni quieren señalar que el ex ocupante de Los Pinos tuviera conocimiento o hubiese realizado actos de complicidad con los hechos que pretenden adjudicar solamente a los tecnócratas Videgaray y Meade.

OTRO EJEMPLO: EMILIO Zebadúa, el ex oficial mayor de Robles en las dos secretarías que ocupó, también desmarcó ayer a Peña (y a Videgaray y a Meade, en lo que les correspondiera) de los presuntos ilícitos cometidos en el contexto de la estafa maestra. Según Zebadúa, a pesar de las advertencias de las irregularidades que iba cometiendo, Robles no se motivó a informar plenamente de los alcances y los riesgos de dicha política de contratación al titular del Ejecutivo y demás funcionarios responsables de velar por el cuidado de las finanzas públicas del Estado mexicano.

Y MIENTRAS, EN la región que tiene como punto de referencia a Sabinas, Coahuila (estado a cargo del priísta Miguel Ángel Riquelme), se ha desatado una serie de secuestros, agresiones y extorsiones de la policía estatal contra trabajadores mineros, ¡hasta mañana!

Twitter: @julioastillero

Facebook: Julio Astillero

Retomado: https://www.jornada.com.mx/2020/11/25/opinion/008o1pol