Astillero

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  Este domingo, al final del vuelo comercial que lo llevó de Guadalajara a la Ciudad de México, el presidente Andrés Manuel López Obrador fue insultado a coro por unos cinco viajeros: “¡Que chingue su madre el Peje!”, repetían.

Ayer, una persona de 31 años, que había estado en la cárcel, llegó sin control alguno hasta él en plena conferencia mañanera de prensa, sin que a la hora de redactar esta columna hubiera una explicación oficial respecto al muy preocupante hecho de que fuese tan fácil acceder a la inmediatez física de López Obrador, con motivaciones de denuncia de injusticias, en este caso.

No sólo resulta alarmante la ineficacia de mecanismos elementales de protección de la pieza clave del funcionamiento del sistema político mexicano, sino incluso la mostrada tardanza e impericia del cuerpo de ayudantes inmediatos durante la mañanera para prevenir de manera profesional el riesgo de un ataque físico al principal habitante de Palacio Nacional.

López Obrador ha dicho en varias ocasiones que él ya no se pertenece, que su vida está al servicio de la causa mayor de transformar positivamente a México. Ya con el contagio de Covid-19 se tuvo un sobresalto que por fortuna fluyó sin mayores consecuencias. Pero conforme se avanza hacia las elecciones intermedias, en junio próximo, se emponzoña el ambiente político a extremos que van de la violencia verbal, sobre todo en Internet, hasta las tentaciones mayores, con una oposición al obradorismo que no logra convertir su poderío mediático convencional y sus recursos económicos abundantes en una propuesta electoral atractiva.

López Obrador debe cuidar físicamente al Presidente de México. El difícil proceso de construcción de nuevas realidades positivas en que está comprometido exige defender lo avanzado e impedir que circunstancias de salud física o de violencia política pudieran descomponer o truncar el mencionado proceso que, dejando esta polémica aparte, depende aferradamente de una persona, una figura.

El presidente de Estados Unidos dijo ayer al de México, durante su primer encuentro, virtual en esta ocasión: Vemos a México como un igual, no como alguien que está al sur de nuestra frontera (…) Ustedes son nuestros iguales, y lo que ustedes hacen y el éxito que tengan tiene un impacto drástico en lo que ocurra en el resto del continente.

En lo inmediato, los representantes de estos países asimétricos en la realidad, pero ahora iguales en el terreno de la retórica de ocasión, dieron a conocer algunos de los acuerdos generales, las buenas intenciones que desean regulen su relación. Lo importante, lo trascendente, como siempre, queda en el plano de las conversaciones y acuerdos privados. Pero, de entrada, ha sido un paso adelante de López Obrador ante el nuevo presidente gringo que no blande garrotes como el antecesor Donald Trump, pero sí es capaz de transformar su sonrisa amable en actos hostiles si lo considera necesario.

Astillas: En jaque, David Colmenares Páramo, titular de la Auditoría Superior de la Federación, cede una pieza: Agustín Caso Raphael, quien fungía como auditor especial de desempeño, entre exigencias en San Lázaro por parte de diputados morenistas de que el citado Colmenares acepte el mate y deje el tablero del ajedrez auditor en otras manos… Francisco Javier García Cabeza de Vaca podrá organizarse más mítines de acarreo a su favor en Ciudad Victoria, Tamaulipas, pero ayer se le notificó oficial y personalmente que se admitió y radicó en la Cámara de Diputados federal la solicitud de desafuero en su contra… Al yerro original de la oficina de prensa de la Secretaría de Salud (a cargo de Judith Coronel), tratando de desmentir la información exclusiva de Ángeles Cruz, reportera de La Jornada, sobre la hospitalización de Hugo López-Gatell, se sumó el equívoco del propio secretario, Jorge Alcocer, quien dijo que el subsecretario había dejado su cama de hospital el pasado domingo, cuando esto sucedió ayer. No se ayudan a creerles mucho… ¡Hasta mañana!

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Retomado: https://www.jornada.com.mx/2021/03/02/opinion/008o1pol