Benzema mantiene la llama del Real Madrid en la Liga

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MADRIDMadrid 16 ABR 2016, (EL PAÍS), Reenganchado a la Liga por el desplome del Barcelona, el Real Madrid se presentó en Getafe con la obligación de mantener en la persecución al líder. Cumplió de largo su objetivo con una goleada contundente ante un equipo que huele a Segunda. Agarrado de nuevo a Benzema, el Madrid se ha situado a un punto de la cabeza a la espera de lo que suceda en el Camp Nou.
En el momento crucial del curso, resulta que el jugador más hierático e inexpresivo, el más frío de cabeza, es el que mantiene la llama de los madridistas en su intento por conquistar la Liga y la Liga de Campeones. Si frente al Wolfsburgo, Cristiano concretó la remontada con sus tres goles, Benzema la creó con su dinamismo y su capacidad para asociarse. En el Coliseum volvió a ejercer de nueve y medio, abrió el marcador para y le regaló sus goles a Isco y Bale. Fue delantero y mediapunta. Cerró ese círculo que le señala como el atacante del Madrid que mejor entiende e interpreta el juego.

Cerca ya de la treintena de edad, el delantero francés luce la madurez en el campo que no ha tenido fuera. Descartado para la Eurocopa por esos motivos extradeportivos que tanto daño le han causado a su imagen, el fútbol parece haberse convertido en su refugio y en su vía de escape.

Obligado a la victoria para seguir creyendo en el título, el Madrid protagonizó un inicio vertiginoso. Con Casemiro de día libre por decisión técnica y sin Modric de inicio, Zidane le entregó el triángulo del centro del campo a Kroos, Isco y James, tres jugadores a los que el técnico francés mantiene en su diván a la búsqueda de sus mejores versiones. El Getafe del debutante Esnaider no dio ocasión para comprobar cómo podía manejarse el trío de volantes ante un equipo al que se intuía más guerrero por la delicada posición que ocupa en la tabla.
Los espacios a su espalda que dejaba el Getafe cuando perdía la pelota propiciaron el paisaje en el que mejor se maneja el Madrid. Si fue cuestión de su entrenador que sus delanteros y centrocampistas más ofensivos se quedaran descolgados, su pizarra le indujo a un suicidio prematuro. Si fue decisión de sus jugadores quedarse arriba para propiciar un intercambio de golpes, mal empieza Esnáider en términos de autoridad.

A campo abierto, el Madrid generó un chorro de llegadas y centros al área que tardó en fructificar por falta de precisión en el remate o en el último pase y porque en el limbo quedó algún empujó a Cristiano cuando se disponía a rematar.
El saco lo abrió Benzema a la media hora. Agazapado a la espalda tras los centrales del Getafe, se adelantó el interior de su bota derecha para recoger un centro lateral medido de James. El tiempo que tuvo el colombiano para controlar, levantar la cabeza y poner el centro diagnostica parte de los males que tuvo el equipo de Esnáider y que arrastra desde hace meses. Muerde poco y sin la intensidad que demanda la agónica situación que vive. En un equipo tan necesitado de puntos, su alejamiento del brocal del pozo de la Segunda División se antoja muy complicado con esa laxitud defensiva.

El tanto ratificó el gobierno del juego y del partido de Benzema, que diez minutos más tarde le construyó una pared a Isco en la frontal del área para que este superara la salida de Guaita con un remate delicado y raso con el exterior. El fútbol que contiene Benzema no solo le da para rehabilitarse a él, también a sus compañeros. Porque andaba perdido Bale, sin apenas incidencia, y a este también le disparó la autoestima. Le adivinó el desmarque a la carrera sobre el inocente adelantamiento de la defensa del Getafe y le puso ante Guaita con un globo de 30 metros El fútbol que tiene Benzema en su cabeza le da para realizarse él y para rehabilitar a los demás. Sustituido a la hora de juego, vio desde el banquillo el gol de Sarabia y también los James y Cristiano. El del colombiano tuvo el arte de la calle. Un recorte en área cosido a un toquecito suave y ajustado. El de Cristiano, que andaba tan empeñado como frustrado por no engordar sus números en un partido que se prestaba a ello, fue un regalo de Jesé.