El niño asesino y la abuela envenenadora

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https://elpais.com/Un niño de 10 años y una abuela de 56 se han convertido estos días en Estados Unidos en protagonistas de una serie que podría titularse El crimen no tiene edad. Cameron Kocher, de 10 años, saltó a la fama después de disparar certeramente contra la cabeza de Jessica Ann Carr, de 7, con un rifle del calibre 35. Blanche Kiser Taylor Moore, su rival en las cabeceras de los periódicos sensacionalistas, actuó con más sigilo. A sus 56 años, se descubrió que envenenó con arsénico a su padre, a un antiguo novio y a su primer esposo, e intentó hacer lo mismo con su actual marido, el reverendo Dwight Moore.

Cameron Kocher se convirtió en el primer niño acusado de un delito de estas características en Estados Unidos y, según las leyes de Pensilvania, donde cometió su asesinato, la condena a cadena perpetua era una posibilidad, aunque algunos analistas consideraron no era el castigo más apropiado para un criminal que escuchó sus derechos sentado sobre las rodillas de su madre.Su aventuracomenzó una mañana de marzo, cuando jugaba en el jardín de sus vecinos, Trudi y Richard Ratti. Tras una pelea con sus amigos, Cameron se fue a su casa y un poco después regresó al jardín de los Ratti, con un pañuelo ensangrentado apretando su ceja derecha. El niño dijo que se había cortado con un cuchillo mientras se preparaba un bocadillo, pero la policía está convencida de que Cameron se hirió con el retroceso de un rifle de caza, el mismo con el que alguien disparó contra Jessica Ann Carr, uno de los niños que jugaban junto a Richard y Trudi. Cameron Kocher podría convertirse en la persona más joven acusada de homicidio en la historia judicial de EE UU en el presente siglo. La Corte Federal de Pensilvania hizo público que tenía suficientes pruebas para incoar un juicio por homicidio contra el muchacho.

Cuando Cameron entró en el juzgado, con una camisa de listas rojas y blancas, se le veía rodeado de hombres uniformados y armados y ante una enorme mesa con un hombre vestido de negro, que en nada se parecía a su maestra. Sus padres no intentaron ni tan siquiera explicarle el lío en que se había metido, no sabían si lo entendería. Cameron, sin embargo, empezó a sospechar que había hecho algo terrible, porque los periodistas y los cámaras le seguían allí donde iba, mientras sus padres trataban de cubrirle el rostro.

El defensor dijo al juez que Cameron no sabía en absoluto lo que hacía cuando disparó contra Jessica, mientras que el fiscal alega que el acusado, que aprendió a manejar armas en el club de tiro al que asistía su padre, disparó deliberadamente a su víctima.

“Arsénico por compasión”

Blanche Kiser Taylor Moore, una abuela de aspecto apacible que trabajaba en una tienda de ultramarinos en Carolina del Norte, podría haber encarnado en la vida real a una de las tías de Cary Grant en la inolvidable película Arsénico por compasión. Blanche, considerada hasta entonces una ejemplar ciudadana de la pequeña localidad de Burlington, se convirtió en sospechosa cuando su esposo, el reverendo Moore, acudió a un hospital con fuertes dolores de estómago. Los análisis permitieron encontrar en su cuerpo la dosis suficiente de arsénico como para matar a un caballo.

La policía comenzó a sospechar que su esposa fue quien le suministró el veneno, y el sheriff ordenó la inhumación de los restos de su padre, su primer novio y su primer marido. Los restos de los cadáveres no ofrecieron dudas a los forenses: todos ellos contenían restos de arsénico.

Lo único que se sabe acerca del posible móvil de los crímenes es que no fue el dinero, ya que ninguna de las muertes le reportó beneficio económico alguno.

Moore era considerada “una buena mujer” por sus vecinos de la pequeña localidad de Kunkletown, en el estado norteño de Pensilvania. Sus crímenes le valieron posteriormente el apelativo de ‘la viuda negra’.