Pedro Pablo Kuczynski apela al antifujimorismo para evitar su destitución

OAXACA0

Pedro Pablo Kuczynski (PPK), el presidente de Perú, utilizó a última hora todos los mecanismos de poder para evitar que el fujimorismo lograra los 87 votos que necesitaba para destituirlo por “permanente incapacidad moral”. En los pasillos del Congreso peruano se instaló la idea de que podría salvarse por muy poco, pero la incertidumbre era total. En una sesión dramática después de una larga noche de negociaciones, PPK luchaba para seguir en el poder tras el escándalo por sus vinculaciones con el caso Odebrecht.Y para lograrlo apeló al antifujimorismo, el movimiento más poderoso de Perú.

Con gesto muy grave y entre aplausos de los pocos parlamentarios que le apoyan y el silencio de la enorme bancada fujimorista -71 de 130- Kuczynski entró en el Congreso para defenderse de las acusaciones y tratar de evitar su caída. Si le echaran, ocuparía su puesto el vicepresidente, Martín Vizcarra, un hombre de su confianza, pero si él y la otra vicepresidenta, Mercedes Araoz, rechazaran esa plaza, como ha anunciado, ocuparía el poder el presidente del Congreso, Luis Galarreta, un hombre de Fujimori. Por eso Kuczynski apela a la izquierda y algunos parlamentarios de centro, que son claves para alcanzar la cifra de 87 que el fujimorismo no tiene por sí solo, para que no le entreguen el poder al grupo del autócrata que gobernó Perú entre 1990 y 2000, dio un autogolpe y aún está en la cárcel por corrupción.

“Vengo a enfrentar de pie y dando la cara una acusación falsa y ominosa, movida por un deseo inconstitucional de apartarme del poder por la fuerza de sus votos. Vengo a demostrar mi inocencia. Lo que está en juego es la democracia, que tanto le costó al Perú recuperar. El pueblo no perdona ni olvida. Todo en mi vida lo he logrado en base al esfuerzo y trabajo honesto. Vengo a decirles mirándoles a los ojos que no soy corrupto y no he mentido. Jamás he favorecido a ninguna empresa. No tengo nada de lo que avergonzarme, siempre he actuado conforme a la ley y a la ética”, clamó Kuczynski antes de pasar a ofrecer detalles de las vinculaciones de su empresa con Odebrecht mientras él era ministro de Economía de Alejandro Toledo para tratar de demostrar que él no tenía nada que ver en esas gestiones. Su versión señala que él recibió los beneficios, porque era el propietario de la empresa, pero no hizo ninguna gestión ni se enteró de los contratos de asesoría con Odebrecht, porque cuando entró en política dejó la empresa en manos del chileno Gerardo Sepúlveda.

El punto más débil de su defensa política se basa en que él dijo siempre que no tuvo ninguna relación profesional con Odebrecht. Cuando esta compañía detalló los contratos con la empresa de PPK, estalló el escándalo. Por eso él pidió perdón por ese silencio y la falta de explicaciones hasta ahora. “Lamento sinceramente no haber advertido antes, pero eso no me convierte en un corrupto ni supone una infracción a la Constitución. Comprendo que debería haber ofrecido un conjunto de documentos. No he sido suficiente prolijo, pero no soy corrupto. Pido a la nación sentidas disculpas por no explicar mi conducta profesional”, dijo en el único momento de autocrítica.

Pero además del escándalo en sí, detrás hay un claro pulso de poder que él mismo ha calificado abiertamente de “golpe”, hasta el punto de que ha pedido ayuda a la Organización de Estados Americanos. Por eso Kuczynski usa armas políticas y trata de repetir el mecanismo que le llevó a la presidencia del Perú hace solo un año y medio. PPK tenía las elecciones perdidas. Era un candidato muy preparado pero sin carisma, casi accidental, que estuvo a punto de no entrar en segunda vuelta. Pero entonces, cuando Keiko Fujimori ya paladeaba la victoria, se puso en marcha un mecanismo infalible en un país donde toda política desde hace 27 años gira en torno al mismo apellido: el antifujimorismo.

Hubo manifestaciones, intelectuales, analistas y periodistas influyentes echaron el resto para convencer a los peruanos de que debían evitar que Keiko Fujimori se hiciera con el poder. Hasta Veronika Mendoza, líder de izquierda, muy alejada de un ex banquero de inversión liberal como PPK, pidió el voto por él con el único objetivo de frenar a la hija de Fujimori. Y entre todos lograron lo que parecía imposible. Por solo 40.000 votos, en el último suspiro, Kuczynski ganó. Lo hizo gracias a un antifujimorismo en el que él nunca creyó, tanto que pidió el voto para la hija del autócrata en 2011. Pero ese antifujimorismo ajeno es la base de su limitado poder y de nuevo apela a él para salvarse de un intento de destitución. Kuczynski habla de “golpe” y trata de poner a los parlamentarios de la izquierda, los mismos que fueron claves para su victoria, frente a la responsabilidad de entregar el poder a los Fujimori si le echan a él.

Al final PPK trató de desviar el debate del escándalo que lo ha llevado a esta situación para centrarlo en una decisión política: echarlo a él supone entregarle el poder a los Fujimori. PPK insiste en que nunca ha participado en ningún acto de corrupción pero está obligado a explicar con más detalle por qué una empresa suya cobró de Odebrecht por servicios de asesorías mientras él era ministro de Economía de Alejandro Toledo. De momento se ha concentrado en pedir perdón, pero no en explicar con detalle un asunto que es especialmente complejo.

El presidente utilizó durante un año y medio la estrategia de apaciguamiento con el fujimorismo. Lo probó todo. Les concedió hasta cinco cabezas, las de los ministros que ellos forzaban a dimitir. Incluso se mostró dispuesto a conceder el indulto a Alberto Fujimori, el patriarca, en la cárcel por corrupción desde 2007. Precisamente mientras hablaba Kuczynski en el Congreso se dinfudía la noticia de que la junta médica se había mostrado favorable a ese indulto, que sería pues inminente. Pero ese intento de apaciguamiento siempre fracasó. Por eso a última hora el presidente se concentró en utilizar un arma mucho más eficaz, la misma que le llevó al poder, el antifujimorismo que hará que muchos diputados se lo piensen varias veces antes de votar a favor de la destitución.

Nota retomada del País