¡Qué Payasos! y la magia de brillar en cualquier rostro

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RETOMADO DE EL FINANCIERO……………………….

Crear de la nada. Caer, levantarse y bromear para rockear con el niño más tímido del auditorio. Ni la abuelita más renuente puede conservar la seriedad. Estos músicos gozan de un estilo tan singular que cuando se bajan del escenario siguen sonriendo más allá de las zarandeadas que les ha dado la vida.

A lo largo de 37 años, los ¡Qué Payasos! han hecho reír y bailar a varias generaciones de niños, jóvenes y adultos, pero el camino no ha sido sencillo. Todavía hay una batalla latente: el recorte al presupuesto destinado a la Cultura.

A veces hay crisis de trabajo”, comenta Nacho Mostacho.

“Ese es un grave problema de ¡Qué payasos! y de toda la gente que hace algo dentro de las actividades culturales para niños, pasan los años y los presupuestos se van a la baja, siempre a la baja y siempre estamos como adaptándonos al presupuesto nuevo que es a la baja”, agrega Beto Batuca.

No se dejan vencer. Se aferran. Afrontan la adversidad con ingenio. Beto y Nacho hacen uso de la creatividad para innovar una función donde explotan al máximo el único recurso que nunca se les agotará: la imaginación. No les cuesta trabajo. Ser espontáneos es una cualidad que les ha ayudado hasta en los peores momentos.

Para el dueto, las acciones de la actual administración federal no se han traducido en una dinámica que favorezca la creación de espectáculos para niños, más allá de que Los Pinos hayan pasado a ser un recinto cultural. Trabajar para el gobierno implica estar a la espera por más de medio año para obtener el pago; por ello, ya están acostumbrados a terminar “en el departamento de quejas”, bromean.

Rodrigo era un niño introvertido de no más de 3 años de edad. Su madre fue quien vio por primera vez a ¡Qué Payasos! en una feria del libro que se realizó en el Auditorio Nacional hace 34 años. Doña Celia no sabía que aquel grupo marcaría la infancia de su hijo por décadas. Ya en el rol de adulto, Rodrigo evoca a la perfección toda la emoción que sentía al escuchar las canciones de Batuca y Mostacho: libertad y autenticidad.

Siempre hay fanáticos que saltan de las butacas al escenario. Dejan de ser público para convertirse en parte de la banda. Hubo quienes partieron. Cambiaron de papel. Se volvieron abuelos.

El arte de ¡Qué Payasos! es hablarle a quien sea. No importa la edad. Aunque sus canciones son rockeras, incluyen en sus shows un poco de ópera y de música clásica. Aprovechan para dedicar una de sus melodías a las personas que no tienen un hogar.

“La música y los espectáculos para niños en México caen en el lugar de que son ñoños o son pequeñitos y no tienen un sentido inteligente y respetuoso hacia las personas que son los niños, la infancia, el espíritu de la infancia; no la cronología, sino al espíritu de la infancia. Y ¡Qué Payasos! lo ha podido tener, se ha facultado a hablarle a quien sea, no importa la edad que tenga”, concluye Batuca.

Nacho Mostacho y Beto Batuca se consideran salvajes. Admiran tanto a artistas como Tin Tan, Chabelo, Chespirito y Cantinflas que han adoptado parte de su esencia. No les gusta Tatiana ni Cepillín. No se ponen nostálgicos. Siempre ven hacia delante; el futuro los pone inquietos, pues no tienen un proyecto definido. Difieren entre ellos. Pero, a pesar de lo oscuro que pueda ponerse el escenario, siempre saldrán como un rayo de luz que hará brillar los ojos de cualquier audiencia. Esa es la magia de ¡Qué Payasos!.