Astillero

30 septiembre, 2020 OAXACA0

Cuando hablaba de las manifestaciones opositoras en general, y en particular de las feministas de un día anterior, el presidente Andrés Manuel López Obrador preguntó ¿Cómo se caen o se derrumban los gobiernos autoritarios? Y se respondió: pues con la gente, con las grandes movilizaciones. Sale el pueblo a la calle, cientos, miles, millones.

En ese contexto soltó la incitación e invitación a sus opositores: en mi caso, a la primera manifestación de 100 mil, y que yo vea que en las encuestas ya no tengo apoyo: a Palenque, Chiapas. Ni siquiera espero la revocación del mandato, ahí nos vemos, porque tengo principios, porque tengo ideales.

Baja puso la vara el tabasqueño a sus adversarios, pues con suficiente dinero, acarreo clásico y activismo de segmentos convencidos, se puede conjuntar una masa de la magnitud planteada y tampoco sería extremadamente difícil una acción concertada de casas encuestadoras que mostraran convenientemente una reducción del apoyo popular.

La Chingada (que tal es el nombre de la finca andresina en Palenque), ha sido un destino ante eventuales desventuras políticas que López Obrador ha mencionado en varias ocasiones. No pareciera tácticamente muy afortunado plantear esa opción de salida cuando se está en medio de una creciente oleada opositora que, desesperada ante la falta de crecimiento y liderazgos eficaces, podría suponer que con el desbordamiento de acciones políticas violentas podría llevar a AMLO a una renuncia.

Tal suposición podría deducirse de la anécdota contada por él mismo en la conferencia de prensa mañanera, referida al momento en que el entonces rector de la UNAM, Pablo González Casanova, le habría dicho al presidente Luis Echeverría que prefería renunciar al cargo antes que aceptar que la fuerza pública desalojara (como le ofrecía Echeverría) a quienes habían tomado la casa de estudios.

Justamente en estos días se han producido actos de oposición política que podrían desembocar, por provocación o por un curso descontrolado de los hechos, en violencia mayor y en señalamientos de represión gubernamental. Este lunes, policías de la Ciudad de México sobrellevaron en general la acometida de grupos feministas, aunque cuatro decenas de agentes sufrieron lesiones de diverso grado.

No en el flanco izquierdo, sino en el derecho, la movilización efectista del Frente Nacional Anti-AMLO (Frena) parece pensada más para la provocación que para el diálogo y el debate políticos. Elementos de ultraderecha, varios de ellos de abierto catolicismo militante, además del estrafalario dirigente Gilberto Lozano, parecieran manejar el semivacío plantón de casas de campaña con ánimos de campaña militar, en busca de choques y víctimas.

López Obrador no debe, a juicio de este tecleador, ofrecer expectativas de abandono de la plaza ante eventuales movilizaciones aritméticas que no son comparables con el número de votos que le dieron un mandato popular de cambio.

En ¿otro? tema: el coordinador de los diputados de Morena, Mario Delgado, atraviesa por una circunstancia poco propicia para sus aspiraciones de verse popular a la hora de las encuestas de opinión pública que definirán la presidencia de ese partido. Conforme a los designios de Palacio Nacional (es decir, de la Presidencia de la República y de la Secretaría de Hacienda) anoche se aprobaba en comisión de trabajo el dictamen que propone liquidar no sólo 55 fideicomisos gubernamentales, como se pretendía en primera instancia, sino virtualmente el doble, 109.

Falta la aprobación del pleno de la Cámara de diputados, pero tal supresión de instancias de apoyo presupuestal a grupos y ciudadanos dedicados a distintas actividades incrementa de manera natural una inconformidad muy focalizada.

Y, mientras el debate entre los candidatos a la presidencia de Estados Unidos abría anoche con el tema del Covid-19 como elemento definitorio de capacidades y eficacia, ¡hasta mañana!

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Retomado: https://www.jornada.com.mx/2020/09/30/opinion/008o1pol