
Si le digo que no se toque la cara, que es peligroso para su salud y para combatir la pandemia, es probable que esté de acuerdo. Pero aun así, se tocará los ojos, la nariz o la boca varias veces antes de acabar este artículo. Porque el comportamiento humano no funciona así: no basta con decirnos que no hagamos algo, aunque estemos convencidos. Las personas tienen grandes dificultades para cambiar de hábitos, incluso cuando nuestra salud está en juego: que se lo digan a los fumadores. Y en esta pandemia, hasta que llegue la vacuna, es el comportamiento humano el que nos salva. Como dicen los expertos, ahora solo podemos luchar contra el virus usando herramientas del siglo XIX o antes: ponernos mascarillas correctamente, no tocar la zona T de la cara (ojos, nariz, boca), mantener la distancia física hasta con visitas en casa, toser en el interior del codo, lavarse las manos… ¿Cómo convertir todas estas precauciones esenciales en nuevos hábitos, en comportamientos automatizados? Todos los días leemos sobre la ciencia de las vacunas y los tratamientos, ¿qué dice la ciencia sobre estas herramientas, las que tenemos todos para esta batalla?
