México, “socio sólido” para que no creciera el problema migratorio: EU

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pactas2Periódico La Jornada, Washington.- Sin hacerlo explícito y frente a probables cambios en la política de Estados Unidos después de enero del próximo año, los presidentes Barack Obama y Enrique Peña Nieto acordaron dar carácter permanente a diversos acuerdos y compromisos de la agenda bilateral, para que perduren en el tiempo, dijo el mandatario mexicano.

Mientras, el anfitrión resaltó los temas abordados ayer en su última reunión en la Casa Blanca: fortalecer el diálogo económico de alto nivel, poner en marcha el Acuerdo de Transporte Aéreo bilateral, hacer frente a la crisis de la producción y trasiego de heroína, iniciar los trabajos del Consejo Empresarial de Energía, impulsar el Acuerdo Transpacífico e incrementar la cooperación en materia académica.

En las casi tres horas de visita del presidente Peña y miembros de su gabinete a Washington, la empatía de ambos políticos quedó de manifiesto durante el reconocimiento de liderazgo y amistad. Dueño natural del escenario, Obama buscó deshacer aquel entuerto que tanto dio de qué hablar en redes sociales durante la Cumbre de Líderes de América del Norte el mes pasado en Ottawa, al abrir la conferencia de prensa con una frase: el apretón de manos es más fácil cuando sólo son dos las personas involucradas.

Pero además del reconocimiento de los crecientes vínculos e interdependencia económica y de los proyectos comunes en la materia, otros temas de fuerte carga política como la migración fueron de obligada toma de postura.

Lamenta

Obama volvió a lamentar su decepción por el rechazo de la Corte Suprema a su acción ejecutiva sobre inmigración, aunque ofreció insistir en el punto. Y enseguida resaltó el trabajo de los dos países hacia América Central, de donde proviene mucha de la migración hacia Estados Unidos.

Quiero que todos tengan claro: México ha sido un socio consistente y sólido con nosotros en estos temas. Si eso no hubiera sido así, habríamos tenido un problema mucho mayor en nuestra frontera, dijo.

No se quedó ahí. Al tener México, aseguró, una economía saludable, robusta, eso ayuda a su país a crear estabilidad y seguridad en América Central, y eso hace mucho más por resolver cualquier problema o crisis migratoria o problema de tráfico de drogas que un muro, y será algo que recogerá de mucho mejor manera el tipo de relación que nuestros dos países tienen, indicó en clara alusión a la propuesta del candidato republicano Donald Trump de construir una pared en la frontera sur de su país.

El político demócrata aseguró que su administración no tomará decisiones con base en temores que no se basan en la realidad, y añadió –al ser abordado sobre temas de política interna a la luz de la designación de Trump como candidato– que Estados Unidos es menos violento que hace 20 o 30 años, y que la inmigración es mucho menos problemática ahora que entonces e incluso cuando asumió su mandato. Eso no significa que hayamos resuelto el problema, pero son hechos, afirmó.

También resaltó la globalización y la interdependencia de los dos países como hechos que modelan inevitablemente la nueva dirección de la economía. Nosotros no podemos crear un muro en torno a eso. Lo que sí podemos es dar forma al modo en que ese proceso de integración avanzará, indicó.

Aunque a lo largo de estos tres años de relación Peña Nieto y Barack Obama insistieron en apartar la relación bilateral de los temas tradicionales de seguridad, ayer reiteraron su preocupación por la existencia de una crisis derivada de la creciente introducción a este país de heroína producida en México, la urgencia de erradicar el cultivo de la amapola y hacer frente a este flagelo que ha costado la vida de cientos de personas, sobre todo en Estados Unidos.

Peña Nieto informó del compromiso acordado para evitar la expansión de la siembra del opioide en más zonas del territorio mexicano, y disminuir y evitar la creciente entrada de la heroína hacia Estados Unidos, porque además, asumió, esa actividad genera un problema de violencia en México.

En una de sus respuestas más largas durante la conferencia de prensa conjunta en el salón Este de la Casa Blanca, el mandatario mexicano lo ubicó como un problema común, porque en México algunos grupos criminales se han fortalecido con esa actividad y además apoyados en armas ilegales obtenidas en Estados Unidos. De ahí la decisión tomada de abordarlo a través de un grupo de trabajo de alto nivel.

De acuerdo con palabras de Obama, es evidente que ninguno de los dos países puede resolver solo el problema. México necesitará que Estados Unidos coopere para librarse de la violencia y corrupción que surge del comercio de drogas, y cuanto más podamos trabajar sobre estos ámbitos de cooperación para incorporarlos realmente a nuestras distintas agencias, mejores resultados vamos a obtener.

En la comitiva mexicana estuvieron los secretarios de Hacienda, Luis Videgaray; de Economía, Ildefonso Guajardo, y de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, así como la procuradora general, Arely Gómez, y el jefe de la Oficina de la Presidencia, Francisco Guzmán.

Durante la estancia en la Casa Blanca, unos 15 mexicanos se manifestaron afuera en contra de Peña Nieto, de quien exigen su renuncia.

Para el mandatario mexicano, la relación entre los dos países se ha construido a partir de dos pueblos con una vida en común, donde están involucrados millones de personas que hacen vida cotidiana entre los dos territorios.

Defendió entonces la vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Habría, admitió, condiciones para modernizarlo, actualizarlo y encontrar mayores ventajas que potencien las oportunidades compartidas de los tres países.

El encuentro había iniciado con la acostumbrada sesión fotográfica en la Oficina Oval. Más tarde, Obama resaltó: no sólo somos socios económicos o estratégicos; somos vecinos, amigos, familia… por eso, como presidente, he trabajado para profundizar la alianza entre nuestras dos naciones.

Peña Nieto estuvo apenas poco más de 20 horas en Washington. Al salir de la Casa Blanca tuvo un encuentro con una treintena de dreamers, o sea indocumentados mexicanos que llegaron a Estados Unidos siendo niños.